Sofía

Hace ya poco más de un año que llegó para llenar mi vida de sonidos nuevos que creía haber escuchado antes, que se me antojaban normales. Pero me equivocaba. Esos que yo había escuchado antes eran otros, quizá porque eran de otros.

Pero llegó Sofía, mi pequeña Sofía, que me trajo esos sonidos tan familiares y tan nuevos…

El maravilloso sonido de la emoción al ver un pájaro volar.

El tierno sonido de un abrazo cariñoso.

El alegre sonido de una risa sincera.

El ansioso sonido de expectación al ver a mami descubrirse un pecho.

El relajante sonido de una succión que alimenta.

El ilusionante sonido de una palabra que los padres aseguramos que es una palabra de verdad.

El desgarrador sonido de un llanto desesperado, afortunadamente calmado con mimos.

El inquieto sonido de unos pasos inestables y exploradores.

El sedante sonido de una respiración soñadora.

Esos sonidos y muchos más llegaron a mí hace poco más de un año y llenaron mi mundo de vida nueva, de ilusión, de miedos, de valor, de ganas de comerme el mundo, de fuerza pura, de ternura…

Hacía más de un año que no escribía nada aquí y hoy, cuando Sofía ha caído dormida por fin, al son de un concierto para piano (el número 21 de Mozart, para precisar más) después de horas de infructuosos cantajuegos, dibujitos y nanas infantiles, me ha dado por volver aquí a poner algo que hacía mucho tiempo deseaba poner…

Me alegro de volver y creo que es gracias a Sofía.

Gracias, Sofía

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