Seven Eleven (2)

Cuando Mulholland echó un nuevo vistazo alrededor, se fijó en las cámaras de seguridad. Había una enfocando al mostrador y debería haber al menos una más, en aquel lugar que estuviera al resguardo de las miradas del dueño de la tienda. Hizo una seña a Fletcher y se la señaló. Su compañero asintió con seguridad.

– Estamos en ello -dijo, señalando la puerta que llevaba a la trastienda.

Desentendido del tema, Phillip se acercó a la chica de la puerta, Darla. Al fin y al cabo, los muertos y sus pertenencias no iban a ir a ningún sitio.

– Señorita Stewart -empezó.

– Darla -corrigió ella.

Phillip esbozó una sonrisa más paternal que otra cosa y sacó del bolsillo del abrigo una libreta y un bolígrafo.

– Bien, Darla entonces. ¿Ha visto todo lo sucedido?

– Todo no, yo estaba aquí, a mis cosas y entonces empezaron los gritos y los tiros y me quedé muy quieta, ¿sabe?. Qué miedo… Estuve a punto de salir corriendo pero las piernas no me obedecían.

– ¿Qué vio que pasara exactamente?

La joven torció sus preciosos ojos a la izquierda y se mordió el labio pensativa.

– A ver -empezó -. Yo estaba hablando con Dobbs, ¿sabe? Nos conocemos de hace tiempo, del barrio y eso, ¿sabe?, y estaba a mis cosas y entonces llegaron los tipos esos, los trajeados, ¿sabe? Me acuerdo porque vi llegar el cochazo, eso sí que es un coche con clase y no esas mierdas tuneadas… Bueno, pues eso, llegaron los del cochazo y entraron. Parecían muy contentos y entraron y le preguntaron a Dobbs por las bebidas alcohólicas y por más cosas. Dobbs les dijo dónde buscar y se metieron para adentro. Luego entró uno de los negros…

– ¿Uno Sólo? -interrumpió el inspector -. ¿Cuál de ellos y cuánto tiempo después de entrar los del coche?

Darla parpadeó varias veces.

<<¿Demasiadas preguntas, demasiado rápidas?>>

– No sé cuánto tiempo -siguió ella mascando su chicle con desgana -, no mucho, ¿sabe?. Fue ese.

Y señaló al que estaba tendido junto al mostrador.

– ¿Qué hizo exactamente ese chico cuando entró?

– Pues entró con la capucha subida, ¿sabe?, y se fue al mostrador, mirando lo que había en los expositores y demás. Luego creo que se fue al fondo y se metió por detrás del último estante.

– Tiene aspecto típico de pandillero, ¿les pareció sospechoso?

– ¿A quién?

– A usted y a Dobbs.

Darla pensó un instante, con ese mascar parsimonioso y cansino.

– A mí no, hay muchos tíos así en el barrio. Y Dobbs no dijo nada.

Mulholland anotaba deprisa todo lo que le parecía relevante, rellenando una paginita tras otra en ese cuaderno diminuto.

– Bien -siguió interrogando -. ¿Estaba ese otro caballero aquí?

El inspector señalaba al hombre desaliñado al que un agente tomaba declaración.

– ¿Poppy? -se rio la joven -. Eso no es un caballero, señor. Es un borracho, ¿sabe? Entiéndame, no es mala gente, pero está algo jodido, ¿sabe?

Había hecho el gesto inequívoco con el dedo e trazando círculos junto a la sien ala mismo tiempo que decía “jodido”.

– Conoce también al tal… Poppy.

– Si, es del barrio.

– ¿Dónde estaba Poppy cuando entró el pandillero?

Darla volvió a retorcer sus ojos dentro de la cabeza, pensativa, esta vez a la derecha, mascó un par de veces y se relamió los labios ligeramente, arrastrando un poco del exceso de carmín.

– juraría que en el mismo sitio que donde está ahora… ¡joder! El muy mamón ni se ha movido del sitio, qué huevos tiene…

– Señorita, por favor, céntrese…

– Perdón, agente.

– ¿Qué pasó luego?

– Pues luego entró el otro negro. Ese entro con más mala leche, ¿sabe?, y sacó una pistola. gritó que nadie se moviera, ¿sabe?, que era un atraco, que nos mataría a todos y todo eso.

– ¿Qué hizo el otro?

– Lo mismo.

<<¿Exactamente lo mismo?>>

– Perdón, Darla, ¿podría concretar?

Darla cambió el peso del cuerpo, mascó, ladeó la cabeza y se relamió de nuevo.

– Perdón. Pues salió de detrás del estante con otra pistola, pero sin decir nada y se acercó al mostrador… Entonces, nos apuntó a todos. Y ahí ya estaba bastante acojonada y me agaché aquí mismo, ¿sabe?, y me tapé la cabeza. Quiero decir que ver ya no vi nada más, ¿sabe?, porque cerré los ojos.

– Pero escuchó lo que ocurría.

-Sí, bueno, oí que discutían a gritos con uno de los tíos forrados.

– ¿Con cuál de ellos?

– Y ¿yo que sé? Con el muerto, supongo, porque luego empezaron los tiros.

– ¿Cómo pasó? ¿Cómo fue el tiroteo?

– No lo ví, ya se lo he dicho. Además pasó el tren y se armó un buen escándalo.

Mulholland terminó de anotar y miró hacia afuera del local. Las vías elevadas estaban muy cerca. El paso del tren debía ser muy ruidoso.

<<Pobres vecinos>>

– Y ¿cuándo terminó todo qué pasó?

Darla dejó escapar un suspiro cansado. Empezaba a parecer harta de preguntas.

– Tardé un rato largo en darme cuenta de que todo había pasado, ¿sabe? Yo estaba cagada de miedo, casi me meo en las bragas. Vi a los negros muertos en el suelo y al Dobbs dejando la pistola en el mostrador… Poppy estaba donde está ahora, ¿sabe?, ya la he dicho. Y el otro tío, el joven del traje salió gritando “está muerto, Dios mío, está muerto” y “llamen a emergencias, que nadie toque nada”…

<<“Qué nadie toque nada”… Qué útil para los forenses…>>

– …Y eso fue todo, Dobbs llamó a la poli y nos quedamos esperando.

En ese momento Fletcher apareció llamando la atención de Mulholland.

– Tienes que ver esto, no te lo vas a creer.

El inspector se disculpó ante la joven y la dejó mascando chicle junto a un agente de uniforme, para rodear al mostrador y acercarse a la trastienda. Era un cuartucho pequeño y oscuro, con una vieja silla de oficina frente a un escritorio mugriento sobre el que reposaba un equipo de video relativamente moderno y un par de monitores mayores que los pequeñitos que había bajo el mostrador del local. Completaba el cuadro algo de prensa deportiva y una revista pornográfica. Un operario del departamento de policía manipulaba el aparato audiovisual para encontrar las imágenes relativas al incidente. Fletcher, con una expresión en el rostro que no auguraba nada bueno.

– ¿Qué pasa, Fletcher?

– Que no hay imágenes, eso es lo que pasa.

– ¿Qué?

La incredulidad de Mulholland pareció molestar aún más al otro inspector que la propia situación. Para romper la tensión reinante, el operario, el agente Pérez, de ascendencia latina, intercedió explicando como mejor pudo.

– Todo está bien hasta entrada la tarde, hay imágenes de todo hasta más o menos las 19:26 horas. Luego empiezan las interferencias y al final, todo se queda negro.

Los policías vieron varias veces las secuencias previas, viendo pasar la vida cotidiana del establecimiento a toda velocidad. Una muestra de personas que hacían su vida normal, o entraban inusualmente movidos por el impulso de comprar un artículo determinado en un momento determinado, sin pensar en que pudiera ocurrir un hecho tan casual e imprevisible como un atraco frustrado.

Mulholland pensó en el empresario abatido. Entró a comprar algo y a los pocos minutos estaba muerto.

– En fin -dijo resignado -. las cámaras no nos servirán de mucho. Seguiremos con los testigos. Mientras tanto, ¿puedes intentar averiguar qué ha pasado para que no se vea nada?

– Repasaré la instalación, quizá se haya estropeado algo.

– Gracias. Fletcher, ¿qué ha dicho Dobbs, el dueño? ¿Sabe algo de esto de las cámaras?

– Ni idea, habrá que preguntarle. Sólo ha dicho que cuando los pandilleros dispararon a Longworth, tuvo el tiempo justo de sacar su revólver. Lo tenía bajo el mostrador. Dice que pudo disparar al que tenía más cerca y que al otro, el que mató a Longworth ya estaba herido. Se ve que el viejo, que también iba armado, se defendió antes de morir.

– ¿Longworth iba armado?

– Eso parece -concedió Fletcher.

– Esto se embrolla, ¿no?

El otro inspector se encogió de hombros.

– Esto pasa cada dos por tres. Yo lo tengo más que visto. Para mí está claro.

Pero Phillip no lo tenía tan claro. ¿Un empresario entrado en años con una pistola? Y el video se estropea justo unas horas antes de un atraco. Y los pandilleros entran por separado, uno se va al fondo… ¿para comprobar que no hubiera vigilancia, quizá?

Darla apenas aclaraba mucho de lo sucedido, apenas daba un bosquejo de la situación previa a la catástrofe y sin embargo, leyendo las notas, había algo que le llamaba la atención poderosamente pero que era incapaz de identificar. ¿Qué era lo que le hacía dudar? ¿Quién de los demás testigos debería ser el siguiente? ¿Qué ocurrió para que el empresario se enfrentara a unos peligrosos pandilleros armados?

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