Vampiros de los de verdad

¿Qué es un vampiro?

Cualquiera podría decir que es un ser humano o antropomorfo que se alimenta de sangre humana. Sin embargo hay muchas variaciones de ese concepto y, tanto en cine, como en TV o en literatura, aparecen muchas de esas versiones cada vez más populares y desafortunadas.

Desde hace ya varios años, se viene tratando el vampirismo de una forma que a mí, personalmente, me resulta incómoda, cutre, ridícula o patética a partes iguales.

La inefable Stephanie Meyer -y aquí dejarán de leerme un montón de personas que siguen “Crepúsculo” como un dogma – dibujó un concepto de vampiro que pretendía ser romántico y quedó ñoño:

– Por un lado son depredadores implacables -palabras textuales de Edward Cullen, que dado su aspecto aniñado y andrógino me arrancó más de una carcajada – pero la familia en cuestión se alimentaba de animales del bosque -cosa que jamás vimos -, olvidándose del detalle de que el vampirismo es una maldición que obliga a depredar a otras personas, de ahí su condición de monstruo y la necesidad de secretismo. ¿Qué problema hay en que una persona, un vecino tuyo, sienta la irrefrenable necesidad de beberse la sangre de una cabra montesa? En España todo hijo de vecino va de caza en el pueblo, jajaja. El Cullen dice que alimentarse de animales es como comer tofu en vez de hamburguesas, que es poco sabroso y menos nutritivo. Pues se los ve muy sanotes en la peli. Me da a mí que picotean en despensa ajena a escondidas. El hecho es que se pueden alimentar sin matar ¿no? Pues ya está: un celíaco sanguíneo, sigues una dieta especial y problema resuelto. Ponte en contacto con el hospital cercano y dices “tengo un problema, puedo neutralizar mi instinto asesino, pero necesito darle sabor a las comidas” y que te den de las donaciones.

– El sol. Repito que el mito del vampirismo se basa en una maldición y tiene sus castigos. ¿Qué problema hay en que el sol te haga brillar como un escaparate de Swarovski? Ponte una crema factor tropecientos y ya está, o un maquillaje de alta cubrición. No veo la desventaja en brillar y además, ¿pueden salir a la luz del día si está nublado? También es luz solar, solo que velada por nubes, pero también es radiación UV e IR, y sigue siendo el mismo astro rey el que está allí arriba.

El vampiro nenaza, no quiere transformar a su amada para no someterla a la vida de un ser maldito… Repasemos esa supuesta maldición:

– Sed de sangre neutralizable.

– Superpoderes tales como superfuerza, supervelocidad, precognición…

– Sin efectos nocivos de luz solar

– Juventud eterna

¿Quién no querría ser un vampiro así? ¿Dónde está la maldición? ¡Son todo ventajas! Ese tío no amaba tanto a su chica si no quería tenerla para siempre con él, ¡¡¡siendo los mejores superhéroes o supervillanos de la historia!!!

 

Otra visión es la que introduce una suerte de explicación científica. Podemos verla en la saga Blade. Aquí, se refleja muy bien una sociedad secreta de vampiros, que viven entre nosotros, con reglas, cierto orden y una serie de serviciales humanos aspirantes que obedecen sometidos por la promesa de ser transformados. esa parte no está mal, pero el resto queda estropeado por el exceso de ciencia. Tratan de explicar el vampirismo como una enfermedad vírica -En “Crepúsculo” era una especie de envenenamiento -, Y lo del sol, la plata y el ajo, eran problemas de anafilaxia, es decir, de alergia -WTF?!!! -. No es que esté mal la idea, pero creo que le quita una vez más el romanticismo de lo sobrenatural. Llegan al punto de aparecer vampiros mutantes, una suerte de eslabón superior en al evolución…

Otra visión, a mi parecer más interesante es la de Anne Rice. En sus libros y la adaptación cinematográfica de alguno de ellos -“Entrevista con el vampiro”, tratemos de olvidarnos de “La reina de los condenados” – aparecen vampiros malditos, que sufren o no por tener que depredar de seres humanos, que ansían volver a ver el sol y se desesperan por su soledad. Están bastante bien, si bien su visión se me antoja demasiado dramática y los vampiros, sobre todo los más antiguos y poderosos, que parecen llegar a extremos de locura causada por su condición y el pasar del tiempo. Este tratamiento, aunque se me hacía a veces tedioso de leer, me resultaba comprensible: imaginad que sois inmortales y los siglos pasan y seguís solos, todo alrededor crece, envejece y muere, evoluciona o desaparece y vosotros estáis siempre igual… sólo que más sabios y más locos. Tras experimentar vuestra propia una muerte renacéis con unos sentidos que son capaces de detectar cientos de matices diferentes de vuestro entorno, que la dimensión del tiempo ya no es esencial… La mente de un vampiro debe de ser todo un reto para un psicoanalista.

La serie True Blood -también sus libros -, resulta muy interesante. Su visión me parece correcta y el desarrollo es brutal y excitante. Aparecen muchos seres sobrenaturales, sólo hay un poquito de ciencia y el resto es el misticismo del mito en un mundo actual con una moral truncada por la modernidad. Me gusta. La única pega es que el hecho de que la sociedad humana conozca abiertamente la existencia vampírica se me hace demasiado extraña. Me parece evidente que los humanos usaríamos su debilidad durante las horas diurnas para diezmar a esos seres que tanta amenaza suponen.

Para mí, la mejor versión del vampiro es la del juego de rol Vampiro. En su versión “Vampiro: La Mascarada” se presenta una sociedad vampírica cuasi secreta, con su orden normativo general y otras normas locales, con su política basada en feudos, su excelente gestión del mito y la tradición, sus clanes que son como razas diferentes y a la vez iguales…

El vampiro es un humano que ha dejado de serlo. Como en Anne Rice, no se transmite como un virus, un mordisco y ya está; sino que requiere una aceptación -obligada o no – por parte de la víctima. Hay gente que quiere ser vampiro y gente que lo es por caer en manos de un vampiro que busca compañía. De hecho, para hacer un vampiro, el hacedor debe dejar casi sin sangre al candidato, y este, casi muerto, con su última gota de sangre debe tener la voluntad de seguir vivo, y beber la sangre de su hacedor, fortalecida con su poder.

De esa necesidad de sobrevivir con esa sangre viene la Sed, la instintiva y furiosa bestia que acosa la moralidad del nuevo vampiro.

Es una maldición, y el sol no te mata por que te quema, sino porque estás obligado a no verlo como castigo por tus crímenes como vampiro. Estás obligado a luchar casi a diario con la bestia depredadora de tu interior y lo único que te aleja de causar una masacre son los restos de tu humanidad. Sólo se puede crear a otro vampiro con un permiso especial del líder del lugar y si, y sólo si, está demostrada la necesidad y la utilidad del nuevo vástago.

Cada vampiro debe servir a su sociedad y proteger el secreto, alimentarse con precaución, tratar de no matar a su presa usando los poderes místicos para esconder su crimen, o beber sólo de aquellos humanos que se someten por la fascinación que sienten ante el vampiro.

En esta visión la inmortalidad del vampiro es temporal. El vampiro no tiene funciones vitales y su organismo sólo se mueve por fuerza de voluntad. No tiene pulso y no respira -en la película “Underworld” la protagonista se ahoga al caer al río y el humano le hace el boca a boca -, no come sólidos y no necesita orinar y defecar. Su sistema digestivo tiene funciones muy básicas porque bebe sangre, que ya está machacadita y lista para absorber por el organismo, y además no lo hace por nutrientes. La sangre es el único nutriente porque significa vida. Vive porque extrae la vida de otros, y esa vida le da los poderes. Cuanta más sangre es capaz de gestionar, más poderes tiene.

No es más fuerte que un humano, pero gracias a la sangre y su fuerza de voluntad, puede desarrollar fuerza sobrehumana. Desde luego un balazo al corazón o a los pulmones no lo detendría pero quizá sí un cargador entero o varios disparos de gran calibre. Sí tiene un cerebro funcional así que un disparo en el cerebro podría matarlo o incapacitarlo, dependiendo de la cantidad de daño provocado. Su esencia inmortal hace que pueda resistir grandes daños y regenerar sus tejidos invirtiendo la sangre que le da la vida.

El sol o el fuego son mortales -“muerte definitiva” – porque su luz les está prohibida y porque el reduce a cenizas, respectivamente. Un traumatismo masivo o una decapitación matarían a cualquier vampiro medio. Según las leyendas, los más antiguos podrían resistir incluso la decapitación o grandes daños por fuego, pero son eso, leyendas.

El crucifijo no te daña o asusta, a no ser que el que lo empuña tiene verdadera Fe. Sí, la Fe Verdadera puede repeler al vampiro por lo que representa para un ser que con el tiempo deja de creer muchas cosas.

Y no, cuando mueren no se rompen como figuritas de Lladró de porcelana, se caen al suelo con sus agujeros de bala, sus tajos, etc y luego, pasado un rato, dado que le deben tiempo al tiempo, se convierten en el polvo que debieran ser hacía ya alguna década que otra.

En fin, creo que esa es la esencia del ser inmortal por excelencia: Una criatura con sentimientos humanos, pasiones a veces desmedidas por su condición, en lucha constante para seguir siendo humanos o por el contrario entregados a su voraz sed de sangre, fuertes, veloces o hipnóticos según el desarrollo de sus capacidades para gestionar el poder que les da la vida de otros, temeroso de que en su descanso diurno un humano con miedo descubra su refugio, obligado a alimentarse de otros seres humanos.

En Blade, Underworld o True Blood, se recogen algunos de los mejores reflejos de esta visión, que a su vez recoge las más interesantes de la literatura de Anne Rice. En mi opinión -pese al odio que levantaré en algun@s -, Stephanie Meyer no tiene un criterio sólido de lo que debería representar un vampiro, sólo expone una criatura que le gustaría que la acosara casi sexualmente, un ser al que adorar y al que someterse. Además su vampiro estrella sigue pensando como un adolescente pese a la de años que le contemplan y se comporta con la chica -qué alguien le enseñe a esa actriz a gesticular de otra manera, que tiene menos expresividad que el engendro creado en laboratorio a partir de Chuck Norris y Steven Seagal -de forma misteriosa y con timidez, pero se pasea por el instituto de una pequeña población pesquera en flamantes vehículos marca Volvo y en compañía de sus pseudohermanos incestuosos. Qué discretitos… Y encima, siendo un “depredador brutal y sanguinario”, presa de fuertes necesidades instintivas y carnales, la chica se le “pone ofrecía” y el mozo, que repito le contemplan muchísimos años sin desfogar, le dice que no, que no hay sexo hasta que no pasen por la vicaría, ¡el año que viene!

Pues vaya ser instintivo y pasional. Este vampiro bebe sangre de tubérculo u horchata de chufas, vaya cuajo…

Dejando de lado la saga de la Meyer -yo la llamo Corpúsculo -, que me enerva sobremanera, me quedo con Vampiro: La Mascarada, vampiros de verdad, con su humanidad y su bestialidad, sus poderes y debilidades, sus ritos y sus mitos, su encanto y su romanticismo. Animo a todos a que se aproximen a esa visión y comparen; y que elijan ustedes mismos cuál les parece más interesante. Y que me perdonen los que se hayan ofendido.

O no.

La Libertad está ahí fuera.

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