¿Dónde están los “bollicaos”?

¡Buenos días!

Hoy he desayunado un “bollicao”, de marca blanca, pero “bollicao” al fin y al cabo.

Sí, no he salido a correr ni he hecho ejercicio y me he zampado de buena mañana un bollo con chocolate. Y ha sido genial.

Pero de pronto un pensamiento ha saltado en mi mente entrópica y me he dicho:

– ¿cuánto hacía que no veía a alguien comerse un “bollicao”?

Pues creo que un par de milenios, exagerando año arriba año abajo. Y es verdad, porque cuando yo era un niñatillo, el “bollicao”, el “donut”, la palmerita de chocolate o los tradicionales bocadillos made in mom’s kitchen eran el desayuno de los nenes y nenas del cole, incluso también durante los primeros años de instituto.

Ahora, los pequeñajos toman “biofrutas”. Y los de instituto van a una cafetería y se piden un café.

WTF?

Para empezar:

– ¿Qué c#$o es un “biofrutas”? No es leche, no es batido y tampoco zumo. Señores de Pascual, eso no mola, sean claros, concisos. Creen un pack con un batido y un zumo y yo decidiré el orden de consumo.

– Café con 14 años… A esa edad ya vas nerviosete y calenturiento de serie. Un café no es la mejor idea.

Y además, ya no van al parque después de hacer los deberes (introducir aquí risa sarcástica ante la mención ‘hacer los deberes’), sino que van a tomar café. Otro café.

Yo a su edad, jugaba a los GI Joe un amiguete o me estampaba contra las farolas al rodar con un monopatín por el parque. O saltando estructuras mortales creadas por Belcebú que los más mayores conocen como columpios. Que por cierto eran de metal y estaban sobre tierra, piedras y también , clavos y cristales rotos. Ahora son pistas americanas de maderitas pintadas y están sobre terrenos acolchados.

Los niños y adolescentes ya no se hacen daño. Su mamá ya no les da un capón (ojo, un capón no he hecho apología del maltrato, a mí me daban capones y no estoy traumatizado ni soy un psicópata), cuando se portan mal. No comen bien, incluso no comen. Y no ven la sana violencia imaginaria de los caballeros del zodíaco, las campestres actividades masoquistas de japoneses en humor amarillo (nombre pésimo y racista, todo hay que decirlo), o la magia inherente de un documental de animales. Ya no corren por el parque ni se ejercitan en los columpios, raspándose las rodillas.

Ahora toman café. Ahora ven gente real en mercados de ganado y esclavas sexuales en “MHYV”, o a gente real haciendo sentirse mal a otras personas en Sálvame. Ahora van al gym con el objetivo de parecerse a Rafa Mora o a la choni de turno.

Ya no comen “bollicao”.

Por eso son unos blandos. Por eso no estudian. Por eso no funcionan como deberían. Por eso son tan caros (- “movilaco que me ha comprao mi viejo!!!”).

Porque ya no comen “bollicao”

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